El proyecto parte de un acuerdo entre cuatro familias que deciden comprar una parcela de grandes dimensiones en la localidad de Matalpino (Sierra de Guadarrama). Dentro de su terreno, cada casa se despliega adoptando una forma de estrella que le permite captar al máximo las bondades del medio y del clima. La forma de los volúmenes responde a obtener el mejor soleamiento de modo que la vivienda funciona como un artefacto bioclimático que interacciona con su entorno como lo hacen los seres vivos. Las fachadas a sur de cada vivienda acogen pequeñas estufas de aclimatación que captan el sol en invierno para volcarlo a los interiores. Estas estufas se usan como pequeños jardines-invernaderos en torno a los que se organiza el espacio común. la casa no deja huella sobre el terreno; la sensación es la de no haber perdido superficie al introducir la casa.